miércoles, 1 de julio de 2009

El parque.

http://www.youtube.com/watch?v=HYDK6SNdLHY
Tal vez a nadie le interese lo que voy a contaros hoy. Pero esta noche no podía dormir.
Todos tenemos por dentro heridas que nunca cierran, y cuando estamos solos a horas intempestivas la voz de esa herida se hace más clara, los costurones se abren, y las estafilococias varias que no supimos resolver en su momento muerden y duelen en lo más profundo. Y es que da igual las veces que uno se arrepienta, las veces que uno quiera cambiar el tiempo; los pensamientos y las palabras rara vez arreglan descosidos. Ni en uno mismo, ni en otros.
Y es que por dentro todos somos niños. La infancia es un lugar extraño del cual se vuelve más o menos trastocado y, si se consigue sobrevivir a ella, regresamos a casa como adultos. Pero el adulto es en esencia un niño que supuestamente ha aprendido a ser "mayor". Algunos nos pasamos toda la vida aprendiéndolo, y si llegamos a los 80 años seguiremos tratando de aprender...aunque por otro lado, nunca nos olvidaremos demasiado del susurro del miedo, del quiero a gritos, del no puedo-no quiero-no sé, de los bombones, de los abrazos.
En esa vieja casa de niños es donde estoy esta noche. Y en esa casa del dulce amar, del no poder, hay una herida terrible en la que hoy doy vueltas y vueltas...
A veces somos niños que no sabemos lo que hacemos, y hacemos daño a otros. No hay excusa para ciertas cosas y lo sé.
No sabes cuántas veces he pensado "ojalá hubiera meditado unos instantes antes de hacer nada, ojalá les hubiera ahorrado a otros el daño que hice y la molestia que causé". Pero eso no es posible, aunque el corazón del niño lo hubiera deseado tanto...tanto...
Hay errores que cuestan caros. Se pueden perder personas amadas y personas por conocer. Se puede perder el trozo de una vida. Hoy no tengo ni siquiera opción de darles las gracias a las personas que perdí, por los buenos momentos que me hicieron pasar hace un par de años, cuando estaba mal por dentro, cuando estaba perdida.
Si contara lo que pasó a alguien que hubiera estado allí, esa persona me diría "¿Te acuerdas de esto ahora? ¿eres idiota o qué?" sin embargo el hecho de que sea hoy cuando escriba no quiere decir que desde el mismo momento en que me equivoqué, no haya dejado de pensarlo. De pensar en mil alternativas para haber hecho "menos" mal. No sabes cuántas veces. No te lo creerías.
Pero en ese momento opté por la ausencia por no querer hacer más daño. Me pareció el mejor camino. No hay palabras para lo que no se puede arreglar.
Pero la ausencia duele.
Por eso a veces me gustaría coger el autobús, y sentarme sola en un banco de ese parque de Majadahonda. Sentarme allí y fumar, contemplar a los que pasean perros, beben y ríen; y que la noche me sorprenda allí, recordando rostros, sin dejarme ver pues no pinto nada en ese lugar, aunque esos momentos sigan siendo míos.
Siento mucho todo lo que pasó. No supe...no pude...no quise...
Lo siento. Pero desde hace mucho tiempo ya no puedo hacer nada.

1 comentario:

  1. Eres genial. Haces que me emocione aún sin conocer los motivos que te movieron a escribir tan lindo. Te quiero.
    LUK

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